El otro día soñé contigo, no se de donde me vino la imagen, seguramente del subsconciente. Salías del mar, concretamente del Mediterráneo y andabas desde la orilla hacía mi. Me cubriste con tu cuerpo húmedo y mojado, cuando intente besarte me rechazaste. Me mostraste una naranja, hundistes tus dedos en ella y la despedazaste. La pasaste por todo tu cuerpo húmedo, me agarrate la cabeza entre tus manos y me obligaste a probar cada centimetro de tu cuerpo
Primero tu cuello que tenía el sabor salado carácterístico del mar Mediterráneo, luego tus hombros, luego tus pechos donde se mezclaba el sabor salado y el sabor de la naranja y donde las gotas de zumo de naranja rivalizaban con las gotas de agua del mar , luego tu ombligo donde se acumulaba el preciado elixir y al final tu sexo donde el contraste de sabores era sublime. Me desnudaste y repetiste la misma operación de la naranja sobre mi cuerpo, pero con más furia, arrastraste como una lija tu lengua sobre mi piel, hicistes surcos con tus manos sobre mi piel. Me pusiste la naranja en la mano para que te volviera a cargar de sabor y notara tus curvas a través de la naranja mientras clavabas tus rodillas en la arena de la playa para hacerme el amor mezclada de sabores.
Fue intenso el sueño, me levante sobresaltado aunque te prometo que cuando pasé la lengua sobre mis labios sabían a naranja y lo peor de todo, es que estamos en la temporada de naranjas y me apetece mucho comerme una e ir contigo a tu casita de la playa.