Sé que el precio que tengo que pagar por no mostrar quien soy, es que vuelques nuestra imaginación en el cuerpo de otra persona. El precio es alto pero, mis palabras son para ti, y eso es lo único que me importa en este momento cargado de ternura, cariño y pasión.
No puedo dejar de soñarte sin conocerte aún, quizá ese anonimato que aún poseo de ti en este lugar de los sueños, me crea una pequeña esencia de superioridad. Tú sonrisa me cautivó, tú cabello me apasionó y la mirada que observé me enloqueció nada más darme cuenta que eras tú lo que yo deseaba.
Sabes bien que no te veo, pero lo que no sabes es que los sentidos siempre están alerta. Podría imaginarme tu olor invadiendo el pequeño espacio que hay entre los dos. Sentir el roce de tu piel contra la mía es como imaginar las yemas de mis dedos calentándose rápidamente. Observar tus pupilas es regalarme la llave de tu alma y saber que ardes de furtivo deseo. Y comenzar a escuchar el sonido que producen los gemidos es pensar que ya no hay vuelta atrás.ffice
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Nuestros corazones bombean demasiada sangre por segundo como para seguir engañándonos mientras que de nuestras manos brotan sabias caricias. Caricias que no sabía ni dar ni recibir con tanta exactitud hasta hoy. El sudor que cubre nuestros cuerpos se transforma en agua bendita, el aliento de las respiraciones en éxtasis y tu sexo en el templo que quiero profanar.
Quiero convertirme en creyente por un día, para adorar esos muslos que me ciegan de pasión. Ir escalando por tu inmaculada espalda hasta alcanzar tal vértigo que no pueda soltarla para no caer al vacío. Pronto descubrirás, que aunque novato en tu cuerpo me convierto en avanzado aprendiz de tus pliegues, curvas y depresiones. Sobre todo cuando acaricio tus pálidos pechos, los compactos, los oprimo suavemente entre mis labios y los hago florecer como nunca los habías notado.
Los cuerpos van perdiendo la timidez, pierden su simetría, las manos se ocultan y se mueven sobre ellos. Se alborotan formando danzarines arabescos ejecutados con nobleza y precisión. Las caricias se confunden, se hacen más contundentes, los músculos se tensan, las espaldas se arquean, el aliento se mezcla y el éxtasis llegará como una fuerte marea borrando los últimos coletazos de la timidez.
Sonríes y sonrío, te apartas el pelo de la frente despacio, mientras aún suspiro sobre tu pecho húmedo y alborotado. Apartarás de mí el odio que llegaste a sentir mientras decidimos quien va a volver a comenzar con el combate.
Te vestirás lentamente recordando como perdiste cada prenda que llevabas puesta y poco a poco sólo quedará en ti el recuerdo de esa noche cuando mi aliento jugaba entre tus pechos y el elixir que produjo tanto rozamiento. Así me despido, con un sueño divino que cambió el devenir de nuestra historia y con un jadeo apagado en espera de tu cuerpo...
