Aún me acuerdo cuando n el Instituto llenaba los márgenes de los apuntes de partidas al 3 en raya, con la que mejor me lo pasaba era con Mara. Teníamos nuestras tácticas, hasta que llegó un momento que no conocíamos tanto nuestros movimientos que siempre las jugadas acaban en tablas. Ahora no sé que ha sido de la vida de Mara, pero en más de una ocasión, le echaba una mirada a su escote y ella lo sabía y se reía.
